Por lo que se puede ver, los hay muy necesitados…
Imaginemos la situación. Este señor entra en el sexshop y ve un flamante articulo erótico, pero claro, la moral, la vergüenza, la venganza de dios… no, eso no está bien… y al final hace de tripas corazón y lo deja en su estante.
Pero durante la tarde, en la intimidad de su hogar, se lo repiensa: que buenos momentos podría pasar con ese “juguetito”. Así que ni corto ni perezoso decide alunizar el sexshop y agenciárselo con la discreción y el anonimato que ofrece la noche. Y lo hace con su coche, como buen samaritano que es.
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