A la caza del infractor

Los radares de velocidad media han llegado. Ahora, aunque te hagas el listillo, reduciendo convenientemente donde sabes de antemano que hay un radar, no te vas ha salvar. No, con estas nuevas maravillas (dignas del arsenal de Bruce Wayne), el recaudar va a resultar de lo más sencillo…

Radares por nuestra seguridadLa teoría es muy simple. Solamente hay que poner un radar en un punto. Te desplazas unos kilómetros y pones otro. Entonces esas máquinas del diablo calculan la velocidad media a la que ha ido un vehículo en base a la distancia y al tiempo transcurrido entre pasar por un punto y otro. No hay trampa ni cartón, quien se pase, pringa. Solo falta poner algunas absurdas limitaciones de velocidad siguiendo criterios de los 70 y listos. Eso si… el estado te garantiza todo tipo de facilidades para el pago.

Pero una cosa debe quedar clara: el afán recaudatorio no tiene nada que ver con eso… es simplemente un efecto colateral de la enseñanza recibida (por nuestro bien). Y los niños vienen de París.

A todo esto, es una lástima que no existan radares que detecten la corrupción. Si, por muy caros que resultaran, podríamos poner uno en cada político a modo de “prevención”, y que al mínimo mangoneo saltasen todas las alarmas (porque un “intestinador” a lo “La Fortaleza Infernal” sería mucho pedir, ¿no?). Un radar que evitase enriquecimientos ilícitos, prevaricaciones, malversaciones, amiguismos y otros quehaceres tan en boga últimamente en los noticiarios.

Estaría bien, aunque no creo que lo aprobasen… quizá si lo colásemos discretamente entre algunas subidas de sus sueldos… quien sabe…

Y con todo el ruido… ¿Quién se acuerda de la Gripe A? Ah… claro, ahora toca vender los retrovirales y las supuestas vacunas… otro radar por favor.

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