Parece ser que la pasión por la filosofía (especialmente por los postulados de Immanuel Kant) hizo perder la cabeza a dos ciudadanos rusos que se vieron envueltos en una agria discusión.

Un encontronazo casual entre estos dos eruditos (mientras compraban cerveza) y cierta discrepancia sobre quien admiraba más la figura y obra del celebérrimo filósofo causó el inicio del conflicto. Y no nos podemos hacer ni una idea de la dimensión que tomaría ese rifirrafe para que acabará en un tiroteo.

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