A nadie le gusta que invadan su intimidad… y aun menos usando un trasto volador armado con una cámara (aka dron).

Pero no hay mal que un buen garrotazo (en este caso un ramazo) no solucione, así que nuestro amigo el chimpancé, ni corto ni perezoso, no duda ni un momento en derribar el dron y juguetear con él una vez en el suelo.