Jiddu Krishnamurti

Krishnamurti es, sin duda, uno de los grandes filósofos y pensadores del siglo pasado.
Nacido en 1895 en la India (en concreto en la ciudad de Madanapalle) fue descubierto y tutelado durante su infancia por C.W. Leadbeater, un importante miembro de la Sociedad Teosófica de Adyar.

Krishnamurti adolescente

La juventud de Krishnamurti no fue en absoluto convencional. Los miembros de la Sociedad Teosófica Mundial (grupo esotérico inspirado en las enseñanzas de Helena Blavatsky) quería convertir al joven Jiddu en el mesías de un nuevo credo, y para ello fue convenientemente preparado tanto en la India como en Inglaterra.

Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Theosophical Society
Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Theosophical Society

Pero aquí es donde la sabiduría del maestro deja a todos perplejos; Krishnamurti, el 2 de agosto de 1929 y ante tres mil adeptos, rechaza este encumbramiento con un sentido discurso que pone fin a un movimiento creado a su alrededor (La Orden de la Estrella).

Transcripción del discurso de Krishnamurti:

Vamos a discutir esta mañana la disolución de la Orden de la Estrella. Muchos se
alegrarán y otros se sentirán más bien tristes. Esta no es una cuestión de regocijo ni de
tristeza, porque es algo inevitable, como voy a explicarlo.
Quizás recuerden ustedes la historia de cómo el diablo y un amigo suyo estaban
paseando por la calle cuando vieron delante de ellos a un hombre que levantaba algo del
suelo y, después de mirarlo, se lo guardaba en el bolsillo. El amigo preguntó al diablo:
“¿Qué recogió ese hombre?” “Recogió un trozo de la Verdad”, contestó el diablo. “Ese
es muy mal negocio para ti, entonces”, dijo su amigo. “Oh, no, en absoluto”, replicó el
diablo, “voy a dejar que la organice”.
Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por
ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. Ese es mi punto de vista y me
adhiero a él absoluta e incondicionalmente. La Verdad, al ser ilimitada, incondicionada,
inabordable por ningún camino, no puede ser organizada; ni puede formarse
organización alguna para conducir o forzar a la gente a lo largo de algún sendero en
particular. Si desde el principio entienden eso, entonces verán cuan imposible es
organizar una creencia. Una creencia es un asunto puramente individual, y no pueden ni
deben organizarla. Si lo hacen, se torna en algo muerto, cristalizado; se convierte en un
credo, una secta, una religión que ha de imponerse a los demás. Esto es lo que todo el
mundo trata de hacer. La Verdad se empequeñece y se transforma en un juguete para los
débiles, para los que están sólo momentáneamente descontentos. La Verdad no puede
rebajarse, es más bien el individuo quien debe hacer el esfuerzo de elevarse hacia ella.
Ustedes no pueden traer la cumbre de la montaña al valle. Si quieren llegar a la cima de
la montaña, tienen que atravesar el valle y trepar por las cuestas sin temor a los
peligrosos precipicios. Tienen que ascender hacia la Verdad, esta no puede “descender”
ni organizarse para ustedes. El interés en las ideas es sostenido principalmente por las
organizaciones, pero las organizaciones sólo despiertan el interés desde afuera. El
interés que no nace del amor a la Verdad por sí misma, sino que es despertado por una
organización, no tiene valor alguno. La organización se convierte en una estructura
dentro de la cual sus miembros pueden encajar convenientemente. Ellos no se esfuerzan
más por alcanzar la Verdad o la cumbre de la montaña, sino que más bien tallan para sí
mismos un nicho conveniente donde se colocan, o dejan que la organización los
coloque, y consideran que, debido a eso, la organización ha de conducirlos hacia la
Verdad.
De modo que esta es la primera razón, desde mi punto de vista, por la que la Orden de la
Estrella debe ser disuelta. A pesar de esto ustedes formarán probablemente otras
Ordenes, continuarán perteneciendo a otras organizaciones que buscan la Verdad. Yo no
quiero pertenecer a ninguna organización de tipo espiritual; por favor, comprendan esto.
Yo haría uso de una organización que me llevara de aquí a Londres, por ejemplo; ésta es
una clase por completo diferente de organización, meramente mecánica, como el correo
o el telégrafo. Yo usaría un automóvil o un buque de vapor para viajar, estos son sólo
mecanismos físicos que nada tienen que ver con la espiritualidad. Por otra parte,
sostengo que ninguna organización puede conducir al hombre a la espiritualidad.
Si se crea una organización para este propósito, ella se convierte en una muleta, en una
debilidad, en una servidumbre que por fuerza mutila al individuo y le impide crecer,
establecer su unicidad que descansa en el descubrimiento que haga, por sí mismo, de
esta Verdad absoluta e incondicional. Por lo tanto, esa es otra de las razones por las que
he decidido, ya que soy el Jefe de la Orden, disolverla. Nadie me ha persuadido para
que tome esta decisión.
Esta no es ninguna magnífica proeza, porque yo no deseo seguidores, y esto es lo que
quiero significar. En el momento en que siguen a alguien, dejan de seguir a la Verdad.
No me preocupa si prestan o no prestan atención a lo que digo, deseo hacer cierta cosa
en el mundo y voy a hacerla con resuelta concentración. Sólo estoy interesado en una
cosa esencial: Hacer que el hombre sea libre. Deseo liberarlo de todas las jaulas, de
todos los temores, y no fundar religiones, nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías y
nuevas filosofías. Entonces, como es natural, me preguntarán por qué recorro el mundo
hablando continuamente. Les diré por qué lo hago. No es porque desee que me sigan ni
porque desee un grupo especial de discípulos selectos. (¡Cómo gustan los hombres de
ser diferentes de sus semejantes, por ridículas, absurdas o triviales que puedan ser sus
distinciones! No quiero alentar ese absurdo). No tengo discípulos ni apóstoles, ya sea en
la tierra o en el reino de la espiritualidad.
Tampoco es la tentación del dinero, ni es el deseo de vivir una vida cómoda lo que me
atrae. ¡Si yo quisiera llevar una vida cómoda no vendría a un Campamento ni viviría en
un país húmedo! Estoy hablando francamente porque quiero que esto quede establecido
de una vez por todas. No deseo que estas discusiones infantiles se repitan año tras año.
Un periodista que me ha entrevistado, consideraba un acto grandioso disolver una
organización en la que había miles y miles de miembros. Para él esto era una gran
acción, porque dijo: “¿Qué hará usted después, cómo vivirá? No tendrá seguidores, la
gente no le escuchará.” Con que sólo haya cinco personas que escuchen, que vivan, que
tengan sus rostros vueltos hacia la eternidad, será suficiente ¿De qué sirve tener miles
que no comprenden, que estén por completo embalsamados en sus prejuicios, que no
desean lo nuevo, sino que más bien desean traducir lo nuevo para que se acomode a sus
propias personalidades estériles, estancadas? Si hablo enérgicamente no me entiendan
mal, por favor, no es por falta de compasión. Si acuden a un cirujano para una
operación, ¿no es bondad de su parte operar aunque les cause dolor? Así, de igual modo,
si yo hablo francamente no es por falta de verdadero afecto; al contrario.
Como he dicho, tengo solamente un propósito: hacer que el hombre sea libre,
impulsarlo hacia la libertad, ayudarle a que rompa con todas sus limitaciones, porque
sólo eso habrá de darle la felicidad eterna, la realización no condicionada del ser.
Porque soy libre, no condicionado, total—no una parte, no lo relativo, sino la Verdad
total que es eterna—deseo que aquellos que buscan comprenderme sean libres; que no
me sigan, que no hagan de mi una jaula que se tornará en una religión, una secta. Más
bien deberían liberarse de todos los miedos: del miedo de la religión, del miedo de la
salvación, del miedo de la espiritualidad, del miedo del amor, del miedo de la muerte,
del miedo de la vida misma. Así como un artista pinta un cuadro porque se deleita en
esa pintura, porque ella es la expresión de su ser, su bienestar, su gloria, así hago yo
esto, y no porque quiera nada de nadie.
Ustedes están acostumbrados a la autoridad, o a la atmósfera de autoridad, la cual creen
que va a conducirlos a la espiritualidad. Creen y esperan que otro, por sus
extraordinarios poderes—un milagro—podrá transportarlos a ese reino de libertad
eterna que es la Felicidad. Toda la perspectiva que tienen de la vida está basada en esa
autoridad.
Me han escuchado durante tres años sin que ningún cambio se operara en ustedes, salvo
en algunos pocos. Ahora, analicen lo que estoy diciendo, sean críticos para que puedan
alcanzar una comprensión profunda, fundamental. Cuando buscan una autoridad que los
conduzca a lo espiritual, se obligan automáticamente a crear una organización alrededor
de esa autoridad. Por la creación misma de esa organización que suponen ha de ayudar a
esta autoridad para que les guíe hacia la vida espiritual, quedan presos en una jaula.
Si yo les hablo francamente, recuerden, por favor, que no lo hago así por dureza ni por
crueldad ni a causa del entusiasmo por mi propósito, sino porque deseo que comprendan
lo que estoy diciendo. Esa es la razón por la que están aquí, y sería una pérdida de
tiempo si yo no explicara claramente, decisivamente, mi punto de vista.
Durante dieciocho años se han estado preparando para este acontecimiento, para la
Venida del Instructor del Mundo. Durante dieciocho años se han organizado, han
esperado a alguien que viniera a dar un nuevo deleite a sus corazones y mentes, que
transformara por completo sus vidas otorgándoles una nueva comprensión; a alguien
que los elevara a un nuevo plano de existencia, que les diera un nuevo estímulo, que los
hiciera libres, ¡y vean ahora lo que está sucediendo! Piensen, razonen consigo mismos y
descubran de qué manera esa creencia los ha hecho diferentes, no con la superficial
diferencia de llevar una insignia, lo cual es trivial, absurdo. ¿En qué forma una creencia
así ha barrido con todas las cosas no esenciales de la vida? Esta es la única manera de
juzgar: ¿En qué forma son más libres, más grandes, más peligrosos para toda Sociedad
que esté basada en lo falso y en lo no esencial? ¿En qué forma los miembros de esta
Organización de la Estrella han llegado a ser diferentes?
Como dije, ustedes se han estado preparando para mí durante dieciocho años. No me
preocupa si creen o no creen que soy el Instructor del Mundo. Eso es de muy poca
importancia. Puesto que pertenecen a la Organización de la Orden de la Estrella, han
entregado su simpatía, su energía, aceptando que Krishnamurti es el Instructor del
Mundo—parcial o totalmente; totalmente para aquellos que en verdad están buscando,
sólo parcialmente con quienes están satisfechos con sus propias verdades a medias—.
Se han estado preparando durante dieciocho años, y miren cuántas dificultades tienen
ustedes en su camino hacia la comprensión, cuántas complicaciones, cuántas cosas
triviales. Sus prejuicios, sus miedos, sus autoridades, sus iglesias nuevas y viejas…
Todas esas cosas, sostengo, son una barrera para la comprensión. No puedo ser más
claro que esto. No quiero que estén de acuerdo conmigo, no quiero que me sigan, quiero
que comprendan lo que estoy diciendo.
Esta comprensión es necesaria porque la creencia de ustedes no los ha transformado,
sino que solo los ha complicado, y porque no están dispuestos a afrontar las cosas como
son. Lo que desean es tener sus propios dioses, dioses nuevos en lugar de los viejos,
religiones nuevas en lugar de las viejas, nuevas formas en vez de las viejas, todas cosas
inútiles, barreras, imitaciones, muletas. En lugar de las viejas distinciones espirituales,
tienen ustedes nuevas distinciones espirituales, en lugar de los viejos cultos, tienen
cultos nuevos. Todos dependen de algún otro para su espiritualidad, para su felicidad,
para su iluminación; y aunque se han estado preparando para mí durante dieciocho años,
cuando yo digo que todas estas cosas son innecesarias, cuando digo que deben
descartarlas todas y mirar dentro de sí mismo para la iluminación, para la gloria, para la
purificación e incorruptibilidad del ser, ninguno de ustedes quiere hacerlo. Puede que
haya unos pocos, pero son muy, muy pocos.
¿Para qué, pues, tener una organización?
¿Por qué personas falsas, hipócritas, me han seguido a mí, la encarnación de la Verdad?
Recuerden, por favor, que no estoy diciendo cosas duras o crueles, sino que hemos
llegado a una situación en que deben ustedes enfrentarse a las cosas tal como son. El
año pasado dije que no transigiría. Muy pocos me escucharon entonces. Este año he
puesto eso absolutamente en claro. No se cuántos miles en el mundo—miembros de la
Orden—han estado preparándose para mí durante dieciocho años; sin embargo, ahora
no están dispuestos a escuchar incondicionalmente, totalmente, lo que digo.
¿Para qué, pues, tener una organización?
Como dije antes, mi propósito es hacer que los hombres sean incondicionalmente libres,
porque sostengo que la única espiritualidad es la incorruptibilidad del propio ser, que es
eterno, que es la armonía entre la razón y el amor. Esta es la absoluta incondicionada
Verdad que es la Vida misma. Deseo, por lo tanto, que el hombre sea libre, que se
regocije como el pájaro en el cielo claro; libre de toda carga, independiente, extático en
esa libertad. Y yo, para quien ustedes se han estado preparando durante dieciocho años,
digo ahora, que deben liberarse de todas estas cosas, liberarse de sus complicaciones, de
sus enredos. Para esto no necesitan tener una organización basada en la creencia
espiritual. ¿Por qué tener una organización para cinco o diez personas en el mundo, que
comprenden, que luchan, que han desechado todas las cosas triviales? Y para los débiles
no puede haber organización alguna que les ayude a encontrar la Verdad, porque la
Verdad está en cada uno de nosotros; no está lejos ni cerca; está eternamente ahí.
Las organizaciones no pueden hacerlos libres. Ningún hombre puede, desde afuera,
hacerlos libres; ni un culto organizado ni la propia inmolación a una causa puede
hacerlos libres. Ustedes utilizan una máquina de escribir para su correspondencia, pero
no la ponen en un altar para adorarla. Sin embargo, eso es lo que están haciendo cuando
las organizaciones se convierten en la principal preocupación de ustedes. “¿Cuántos
miembros hay en ella?” Esta es la primera pregunta que me hacen todos los reporteros.
“¿Cuántos seguidores tiene? Por su número juzgaremos si lo que usted dice es
verdadero o falso”. Yo no sé cuántos son. No estoy interesado en eso. Aunque hubiera
un solo hombre que halla podido liberarse, sería suficiente.
Además, tienen ustedes la idea de que sólo ciertas personas poseen la llave para entrar
en el Reino de la Felicidad. Nadie la posee. Nadie tiene la autoridad para poseerla. Esa
llave es el propio ser de cada uno, y sólo en el desarrollo y la purificación y la
incorruptibilidad de ese ser, está el Reino de la Eternidad.
Verán, pues, cuán absurda es toda la estructura que han creado buscando la ayuda
externa, dependiendo de otros para el propio bienestar, para la propia felicidad, para la
propia fortaleza. Estas cosas solamente pueden encontrarlas dentro de sí mismos.
¿Para qué, pues, tener una organización?
Se han acostumbrado que se les diga cuánto han avanzado, cuál es el grado espiritual
que poseen. ¡Qué niñería! ¿Quién sino ustedes mismos puede decir si son hermosos o
feos por dentro? ¿Quién sino ustedes mismos puede decir si son incorruptibles? Ustedes
no son serios en estas cosas.
¿Para qué, pues, tener una organización?
Pero aquellos que realmente deseen comprender, que traten de descubrir lo que es
eterno, sin principio y sin fin, marcharán juntos con mayor intensidad y serán un peligro
para todo lo que no es esencial, para las irrealidades, para las sombras. Y ellos se
reunirán y se volverán la llama, porque habrán comprendido. Un cuerpo así es el que
debemos crear y tal es mi propólsito. Gracias a esa verdadera comprensión habrá una
verdadera amistad. A causa de esa verdadera amistad—que al parecer ustedes no
conocen—habrá verdadera cooperación de parte de cada uno. Y esto no por motivo de
la autoridad, ni por la salvación, ni por la inmolación a una causa, sino porque realmente
han comprendido y, en consecuencia, son capaces de vivir en lo eterno. Esto es algo
más grande que todo placer y que todo sacrificio.
Estas son, pues, algunas de las razones por las que, después de haberlo considerado
cuidadosamente durante dos años, he tomado esta decisión. No proviene de un impulso
momentáneo. No he sido persuadido a ello por nadie—no me dejo persuadir en tales
cosas—. Durante dos años he estado pensando en esto, despacio, cuidadosamente,
pacientemente, y he decidido ahora disolver la Orden, puesto que soy su Jefe. Pueden
formar otras organizaciones y esperar por algún otro. Esto no me concierne, como
tampoco me concierne crear nuevas jaulas y nuevas decoraciones para esas jaulas. Mi
único interés es hacer que los hombres sean absolutamente, incondicionalmente libres.

Desde ese momento se dedicó a recorrer el mundo dando conferencias y enseñando lo que sabía sobre la mente humana. Durante este periodo intercambio pensamientos con muchos pensadores e ilustres personajes del siglo pasado como: Bertrand Russell, Aldous Huxley, Bernard Shaw, Henry Miller y muchos otros.

Murió poco después de dar una conferencia en la ONU acerca de la paz y el conocimiento, y donde recibió una medalla a la paz por toda su trayectoria.
Krishnamurti es un personaje que mezcla el misticismo y la filosofía de finales del s.XIX. Fue hombre que pudo dirigir un movimiento religioso/espiritual y prefirió en su lugar pregonar el respeto y la paz, siempre al margen de las religiones.
En definitiva, Jiddu Krishnamurti fue alguien, en mi modesta opinión, digno de ser admirado.

Frases de Krishnamurti:

Entre dos soluciones, opta siempre por la más generosa.

Sembrando trigo una vez, cosecharás una vez. Plantando un árbol, cosecharás diez veces. Instruyendo al pueblo, cosecharás cien veces.

A los seres humanos les gusta matar, ya sea matarse entre ellos o matar, en lo profundo del bosque, a un inofensivo ciervo de ojos brillantes o a un tigre que ha cobrado su presa de ganado. Atropellan deliberadamente a una serpiente que se halla en el camino; arman una trampa y en ella caen un lobo o un coyote. Personas bien vestidas salen riendo provistas de sus preciosas escopetas y matan a pájaros que recientemente estaban llamándose unos a otros. Matar por lo que llaman deporte, matar para comer, matar por el país de uno, matar por la paz…..no hay mucha diferencia entre estas cosas. Justificarlas no es la respuesta. Sólo hay una: no matar.

Cada quien cree en lo que quiere creer; por eso es mejor creer en lo que nos hace bien.

5 Replies to “Jiddu Krishnamurti”

  1. Realmente interesante. En mi opinión, creo que él mismo intentó dar ejemplo tomando esa decisión. Pero al mismo tiempo creo que sabía que , en general, la mente del hombre actual no estaba preparada para “comprender” su mensaje.
    Es sobrecogedora la tristeza que reflejaban sus ojos.

  2. Su forma de ver la vida y la “idiosincrasia” del ser humano resultan tan incompatibles que no me extraña su tristeza. Imagino que le pasaría por la cabeza al viejo filósofo si, en pleno s. XXI, hubiese visto un dantesco espectáculo como que se mostró durante las “fiestas” del Toro de la Vega en Tordesillas.

  3. “El mal se organiza y siempre lo harà, bajo la perspectiva y semblanza del mal poder. Pues el bien requiere de organizaciòn, planificaciòn y ejecuciòn. El bien debe impedir al mal que progrese y se enquiste para sucumbir a la humanidad. El desapego de Krishnamurti es para reflexionar.Debiò ser luz para alumbrar a la oscuridad que anida en su entorno. Gandhi logrò la libertad del yugo inglès con uniòn y participaciòn. Luego sucumbieron intereses propios y condicionados por los ingleses quienes nacieron sòlo para hacer daño.

  4. Si bien es cierto, hice un comentario el 18 de agosto del presente, debo advertir con hidalguìa, que he generalizado respecto a los Ingleses, en el acàpite de mi ùltima opiniòn, y ello es un error que he meditado y aceptado, pido disculpas de todo corazòn, a lo lejos mi ser, aclara, que tanto el bien como el mal, es intrìnseco al ser humano, navegamos en esos rios, y debemos desembocar en el mar de la sabidurìa. Es de sabios saber enmendar. Pues la sabidurìa y la tolerancia debe primar en nuestras conductas. Gracias y nuevamente las disculpas del caso.

  5. LA VERDAD QUE ME DEJA SIN PALABRAS JIDDU. FUE UNA GRAN PERSONA QUE QUIZO CAMBIAR EL MUNDO… AUNQUE EL DECIA QUE NO HAY QUE HACERLE CASO , LO TOMO COMO A UN GRAN EJEMPLO… Y COMO A UN MAESTRO

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