La alegría del perro grande (traducida en un enérgico meneo de cola) se traduce en un cruel abofeteo en la cara del perrito pequeño. Una buena alegoría que nos muestra que alegría y desgracia son vasos comunicantes (o no, pero en este caso queda probado, ¿no?).

PD: Compártelo si te solidarizas con el perrito pequeño. Si por el contrario simpatizas con el grandullón, un tweet será suficiente :D

perro cola