La diferencia entre tener un Lamborghini o no tenerlo

Un desconocido se acerca a una chica y con toda naturalidad le pide el teléfono. Antes incluso de que ella pueda escabullirse de la situación el tipo la invita a cenar. El tipo parece que sabe lo que hace. Pero ella tiene las cosas muy claras, y le informa que, desgraciadamente, ella no cena con desconocidos

La conversación se mantiene mientras el chico se desplaza hasta llegar a su vehículo. Parece ser que ni el teléfono va a llegar a su agenda de contactos ni va a poder disfrutar de una cena con esa atractiva muchacha… ¡pero alto! ¿Es ese tu coche?

Pues si, resulta que el coche es un lujoso deportivo (un Lamborghini sin ir más lejos). La cosa cambia. ¡Una cosa es cenar con desconocidos y otra muy distinta cenar con desconocidos dueños de un flamante Lamborghini!.

Ahora la chica parece más interesada en intercambiar teléfonos… incluso le propone ir a tomar algo a un bar que hay cerca…

Pero es demasiado tarde. El chico (que en el fondo ha logrado lo que pretendía) le espeta que “no está interesado en cazafortunas“… y se va con su Lamborghini mientras grita un sonoro “¡Peace!”.

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