Este niño karateka nos puede dar una muy buena lección sobre el esfuerzo, la superación… y sobre como mantener las apariencias.

Porque tan importante es partir la tabla de un poderoso golpe como lo es aguantar el tipo y no mostrar señales del dolor hasta que te crees fuera del alcance de las cámaras… (aunque con tanto papa orgullo de sus hijos karatekas no creo que hubiese un solo centímetro cuadrado de ese gimnasio que no estuviese perfectamente cubierto por móviles y/o grabadoras).

En cualquier caso este muchacho puede darse por satisfecho por haber logrado su objetivo, pulverizar la tabla a la primera y por haber dejado claro que la cosa no fue baladí.