¿Cómo reaccionarias al presenciar un asesinato en un ascensor?

Imagina que pulsas el llamador de un ascensor y que cuando se abren las puertas presencias la inminente escena de un crimen. Ante tus ojos ves a un tipo intentando estrangular con una soga a otro hombre. Sin duda algo chocante, pues afortunadamente no siempre somos testigos de un intento de asesinato en un ascensor.

Las reacciones son muy diversas, pasando de la huida más despavorida a la intervención directa en auxilio de la supuesta víctima.

El vídeo pertenece a la campaña publicitaria de la película Dead man down.

¿Cómo crees que habrías reaccionado tú?

Otras cosas que pasan en ascensores | YTQLS

Pon a prueba tu capacidad de observación: ¿Quién lo hizo?

¿Eres una persona observadora? ¿Sales de casa vestido con una gabardina y fumando en pipa? ¿Crees que podrías encarnar detective protagonista de una novela negra?

El siguiente vídeo puede ayudarte a responder estas preguntas. No te pierdas ningún detalle de la historia y pon a prueba tu capacidad de observación mientras el inspector de policía deduce quien mató a Lord Smithe.

Los sospechoso son:

  • La doncella
  • El mayordomo
  • Lady Smithe

Ratas de biblioteca: Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian

Me habían recomendado “Escupiré sobre vuestra tumba” tiempo atrás, pero en ese momento no resultó posible hacerme con una copia. A pesar de este ligero contratiempo no quise irme con las manos vacías, así que me hice con un ejemplar de “Que se mueran los feos” (nada que ver con la reciente película española con el mismo nombre).

Una vez leído “Que se mueran los feos“, de Vernon Sullivan (o deberíamos decir de Boris Vian, porque aunque Vian figuraba meramente como “traductor” de la obra de este supuesto autor negro estadounidense, años después acabó admitiendo que Sullivan no era más que un seudónimo y que él era el autor), me entraron ganas de más, así que a la primera ocasión que tuve me hice con un ejemplar de “Escupiré sobre vuestra tumba”.

Que se mueran los feos” me resultó gamberra, ingeniosa, sorprendente y transgresora. Sobretodo poniéndola en contexto (la década de los 40). Pero hay que decir que se trata de un cuento para niños si la comparamos con “Escupiré sobre vuestra tumba” (J’irai cracher sur vos tombes), la primera novela del conocido como ciclo de Sullivan.

Este libro ya sufrió una terrible censura en su época. En 1949 fue prohibido y Boris Vian condenado por lo que se consideraba “ultraje a la moral y las buenas costumbres”. Escupiré sobre vuestra tumba está considerada (por méritos propios) la obra más violeta y cruda de las escritas por este polifacético escritor francés.

La novela nos explica el camino que sigue Lee Anderson, un hombre negro pero de piel blanca, para vengarse del linchamiento y asesinato de uno de sus hermanos a manos de un grupo de racistas (su delito consistió en haber mantenido relaciones con una mujer blanca). Para vengarse no dudará en aceptar un trabajo en la librería de la ciudad y unirse a una cuadrilla de jóvenes amorales, sedientos de alcohol y sexo.

Su único anhelo será desde ese momento encontrar alguien que represente los ideales y la forma de vida que acabaron con su hermano… y después: devolverles el golpe.

Como dato curioso este pequeño extracto de la wikipedia referente a su muerte:

Boris Vian vendió los derechos de su novela Escupiré sobre vuestras tumbas para una adaptación cinematográfica. Aunque inicialmente estuvo encargado del guión, tras diversas peleas con la productora, el director y el guionista, Vian quedó fuera del proyecto y asistió de incógnito al preestreno de la película, en el cine Le Petit Marbeuf, cerca de los Campos Elíseos; falleció de un ataque cardiaco que sufrió durante la proyección de la película.

Parece que el corazón de Boris Vian (que nunca gozó de muy buena salud) no pudo resistir lo que el cine había hecho con su obra más transgresora. Moría a los 39 años.

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Alegato a favor de los juegos de rol: Homo Ludens

Desde los macabros acontecimientos de 1994 con el conocido como “El crimen del rol” los medios se han ocupado de demonizar los juegos de rol. Con total impunidad se han achacado todo tipo de crímenes y delitos, por inverosímiles que parezcan, a los aficionados a estos peculiares juegos: profanaciones de tumbas, asesinatos, suicidios… cualquier cosa, sobretodo lo más macabro y retorcido, acababa relacionándose de una forma u otra a los juegos de rol.

Más de 15 años después (y con el llamado Asesino del Rol disfrutando del tercer grado) estos juegos han tenido que superar este acoso y derribo surgido, principalmente, de la ignorancia y del sensacionalismo de una prensa con fuertes tendencias al sensacionalismo (y por algún periodista algo borrego, que hay de todo en la viña del señor).

Por aquellas mismas fechas Arturo Pérez Reverte publicó un artículo en defensa de los juegos de rol (y de sus jugadores). Un acto ciertamente valiente en una época donde se llegaron a decir barbaridades sobre esta actividad que tantas horas de diversión nos ha proporcionado a sus aficionados.

Homo Ludens

Era de esperar. Tras la atrocidad de esas malas bestias que confundieron los límites de la realidad con los de su siniestra psicopatía, todos los demagogos profesionales de este país se han apresurado a rasgarse las vestiduras y poner el grito en el cielo. Así que no estaría de más colocar las cosas en su sitio, porque aquí hay demasiado sociólogo barato y demasiados bocazas largando a humo de pajas. Un asunto es que dos cerdos con navaja acuchillen a un pobre hombre creyéndose héroes de un juego imaginario donde confunden realidad y ficción, y otro muy distinto que los juegos de rol en su totalidad sean perniciosos y deban ser abolidos, como sugieren algunos histéricos cruzados de la causa, de esos que a veces hacen tantos aspavientos y proponen soluciones tan drásticas que uno no tiene más remedio que preguntarse si, como los fanáticos conversos de la última media hora, no tendrán ellos también roles que hacerse perdonar. Vaya por delante -uno conoce a sus clásicos- que el arriba firmante no practica juegos de rol. Apañado iba metiéndome en este jardín, de probarse lo contrario. Sin embargo uno procura estar al corriente, más que nada para saber después de lo que habla. Por eso sé que existe gran variedad; desde los de acción a los de inteligencia, desde los infantiles a los bélicos, y buena parte se mueve en torno a la historia y la ciencia-ficción como Dune, El señor de los anillos, Feudal y otros. Los hay violentos, en efecto. Pero ni todos son violentos ni todos incorporan extremos que vayan más allá de los textos literarios o históricos en que se basan, como cuando incluyen batallas o duelos. Otros, con búsqueda de tesoros, investigaciones o aventuras, son pacíficos e inofensivos. Pero, de creer a quienes, incluso, han pedido al ministerio de Cultura que tome cartas en el asunto -lo que ya es el colmo de la gilipollez-, uno creería que los juegos de rol son un vivero de nazis, de racistas, una escuela de asesinos y un semillero de psicópatas. Y a ver si nos aclaramos. Porque además de homo sapiens y homo faber, el hombre es también, y sobre todo, homo ludens. En ese ámbito, el juego es tan viejo como el ser humano, y lo jugamos, conscientemente o no, desde que somos niños. El juego de rol como tal, avanzado, consiste en un universo alternativo creado por la imaginación, donde la inteligencia, la inventiva, la capacidad de improvisación, son fundamentales. Los juegos de rol bien planteados y dirigidos estimulan, educan y permiten ejercitar facultades que en la vida real quedan coartadas u oprimidas por el entorno y las circunstancias. La práctica de los juegos de rol proporciona a menudo aprendizaje, destreza, y una legítima evasión muy parecida a la felicidad.

Conozco a un grupo de jóvenes liberales, inteligentes, que practica un divertido juego de rol en Cataluña llamado las Relaciones Peligrosas, basado en la Francia de los mosqueteros, y que cada mes publica un boletín con los datos históricos reales o ficticios, los duelos, las intrigas de la corte. El grupo se ha convertido en una red de auténticos expertos sobre el siglo XVII en Europa, juega con gran talento y sentido del humor, y convierte un pasatiempo inofensivo y emocionante en un alarde amenidad, cultura y buen gusto. Meter a ese medio centenar de estudiantes que no se resignan a la mediocre rutina de la tele y los videojuegos en la olla común de los nazis y los psicópatas me parece una ligereza, una atrocidad y una injusticia.

Naturalmente, no todos los juegos de rol son iguales. Del mismo modo que un científico loco a sueldo de un salvapatrias cualquiera puede crear en un laboratorio, por ejemplo, el virus del SIDA para eliminar negros y maricones, un juego de rol planeado por mentes enfermas o por varios hijos de la gran puta pude terminar como el rosario de la aurora. Pero ni por eso la ciencia es mala, ni todos los científicos están locos, o son unos malvados, ni todo juego de rol es pernicioso, ni todos sus jugadores son psicópatas en potencia.

Cada uno proyecta lo que es en lo que hace, y aunque un asesino idee un juego perverso, el mal no es imputable al hecho de jugar, sino a la mente que deforma ese hecho, lo corrompe y lo pervierte. Además, hay por ahí mucha más gente jugando a rol de la que pensamos. Sin ir más lejos, hace nada, un reciente ministro de Hacienda con patente de corso inventó un bonito juego de rol titulado: El enanito del bosque en el país del pelotazo, y algunos se lo tomaron tan en serio que aún respiramos por el agujero de las puñaladas. Con ese jueguecito sí que habría alucinado Tolkien. En colores.

Arturo Pérez-Reverte

El Semanal el 26 de Junio de 1994.

¡En nombre de todos los roleros, gracias Arturo!