El billete, por favor [dormidos en el tren]

Hay personas que es sentarse en un confortable asiento de tren o metro y caen fulminados en los brazos de Morfeo. Y eso no sería un gran inconveniente (salvo quizá saltarse la parada deseada) salvo por las dificultades que añade a la desagradecida tarea de los revisores.

Así es. Esos pobres trabajadores cuyas obligaciones laborales incluyen verificar que no eres una especie de delincuente lowcost y que tu ticket está en orden (timbrado, con sus zonas correspondientes, etc).

Queda claro que si el “sospechoso” está soñando vete tu a saber con que, pues difícilmente va a facilitarle el trabajo, ¿verdad? Bueno, un toque o dos en el hombro suele bastar en la mayoría de los casos… ¡Pero no en todos! ¡Los hay que dormirían en medio de un bombardeo aéreo! Ah, y sin duda también los habrá que sencillamente se hacen los dormidos, claro.

Entonces es cuando los amigos del enredo se apuntan a la fiesta y le echan una mano al personal del tren… ¡y una mano al cuello de los bellos durmientes!

El viejo truco del cambio para cazar a un mentiroso

Los hay que se las saben todas. Te abordan pidiendo dinero y cuando te los quitas de encima con una “amable” excusa tipo “lo siento, no tengo dinero” te sueltan el anzuelo y, inocente de tu, vas y picas.

En la siguiente viñeta vas a descubrir en que consiste el viejo truco del cambio xD

mentira

Historia de un billete escrita en su reverso

¿Puedes llegar a imaginar la historia que hay detrás de algo tan cotidiano como es un billete (de dolar en este caso)?

Ese pequeño (y codiciado) trozo de papel puede haber pasado de mano en mano, puede haber estado extraviado en el bolsillo de un pantalón durante años, puede haber servido para pagar infinidad de servicios y cosas… es casi imposible seguir el rastro de algo con tanta movilidad.

Pero sabemos donde estuvo el billete de la imagen. Alguien tuvo el detalle de informarnos escribiendo parte de su historia en el reverso de este billete de cinco dolares. Una oscura historia xD

Test de estupidez

Lo que muchos pedían a gritos, el test definitivo para la estupidez. Y no, no son necesarios grandes equipos de científicos, ni médicos especializados en el comportamiento o el cerebro humano, ni tan siquiera es necesaria gran capacidad de computo.

Solo una máquina con su cartel informativo y una rendija para introducir un billete de 100€ (en la versión norteamericana sale un pelín más económico, 100$).

Debería haber una en cada parlamento (aunque seguro que entonces la encontraríamos desvalijada cada mañana).