El drama de afeitarse: ¿Cuantas cuchillas son necesarias para un perfecto afeitado?

Dicen los entendidos que es muy posible que el afeitado tenga una historia de más de 20.000 años.

Una buena pista de su antigüedad la podemos encontrar en algunas pinturas rupestres encontradas en cuevas y donde se pueden ver claramente hombres barbudos y hombres rasurados.

Mucho tardó la humanidad en descubrir que el filo de ciertos metales podía usarse para facilitar el deshacerse con mas facilidad del vello facial (y corporal, como bien sabemos que hacían los antiguos egipcios y otras culturas que ya se acicalaban a conciencia).

Es de suponer que en esos tiempos prehistóricos usaban piedras afiladas (sílex probablemente) o el muy socorrido sistema del tirón (de que viene ese famoso dicho de que “para lucir hay que sufrir”).

Las diferentes civilizaciones han ido teniendo opiniones y métodos para el afeitado muy particulares. Los griegos, por ejemplo, eran bastante dados al afeitado, mientras que los romanos no les importaba ir un poco mas peludos.

Durante la oscura edad media proliferó la profesión de barbero, que no solo abarcaba el tema de rasurado y recorte del vello facial, sino que se encargaba de muchos asuntos de índole médica (lo mismo te recorto la barba que te saco una muela).

Pero la historia moderna del afeitado (y el objetivo de este post) pasa indudablemente por el señor Gillette.

Continue reading “El drama de afeitarse: ¿Cuantas cuchillas son necesarias para un perfecto afeitado?”

El jerbo pigmeo egipcio, otra maravilla de la naturaleza

Los jerbos pigmeos de Egipto son ciertamente una de las maravillas más espectaculares de la naturaleza. Su apariencia, increíble: una especie de híbrido entre un ratón, un canguro y una liebre, dignos del sueño más alocado de un animador de Pixar. Del género Dipus, estos pequeños roedores desérticos pueden encontrarse en el norte de Africa y zonas adyacentes, llegando incluso hasta Irán.

Ciertamente, su alocada apariencia es el producto de miles de años de evolución en un territorio desértico e inhóspito. Sus largas patas le permiten transportarse por medio de saltos, limitando el contacto con la ardiente superficie, mientras que sus grandes orejas le brindan un maravilloso medio para radiar el calor corporal.

Por supuesto que dichas características varían dependiendo de la sub-especie, por ejemplo, encontramos algunos con orejas largas como su mismo cuerpo y otros con orejas más pequeñas pero de pelaje más fino.

¡Esperemos que a nadie se le ocurra comercializarlos como animales de compañía! (aunque seguro que mi gato pensaría algo distinto)

Vía | http://www.anfrix.com