Sobrecogedor vídeo en el que un extraño loro viola a un fotógrafo

Las imágenes que están a punto de ver reflejan, sin ningún tipo de censura, la crudeza (y en algunos momentos crueldad) que rige la vida salvaje o natural.

El actor británico Stephen Fry y el zoólogo Mark Carwardine son los protagonistas de este explicito vídeo tomado durante la búsqueda de especies al borde la de extinción de estos dos amantes de la naturaleza y vida animal.

Carwardine, ejerciendo de fotógrafo y demostrando ser un profesional como la copa de un pino, aguanta la agresión sexual de este desvergonzado (y extraño) loro mientras que Stephen Fry narra lo que sucede a los espectadores.

¿Qué estaría viendo este chaval en la pantalla de su ordenador?

Este vídeo bien podría ser un ejemplo en vivo del conocido como síndrome de Stendhal. Eso implicaría que esta viendo bellas imágenes de obras de arte… o paisajes bucólicos

Otra opción es que fuese el primer contacto de este muchacho con el inalcanzable dominio de Internet… su primera aproximación con el Lado Oscuro de la vida digital.

Visto | http://www.etfelicitofill.cat

La parada de tren más obscena de Japón: Mamada

Dicen que hay trenes que solo pasan una vez en la vida. Lo que no dicen los dichos populares son los nombres de las paradas que puede tener ese “supuesto” tren.

De hecho sería tremendamente interesante saber si ese tren es Japonés o no… porque, créeme, la cosa cambia mucho. Y es que solo en Japón puede haber una parada de tren que se llame, simple y llanamente, Mamada.

Mucho me temo que en “Oyama” el tren anda bien vacío (de castellano parlantes, por lo menos) :P

Ratas de biblioteca: Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian

Me habían recomendado “Escupiré sobre vuestra tumba” tiempo atrás, pero en ese momento no resultó posible hacerme con una copia. A pesar de este ligero contratiempo no quise irme con las manos vacías, así que me hice con un ejemplar de “Que se mueran los feos” (nada que ver con la reciente película española con el mismo nombre).

Una vez leído “Que se mueran los feos“, de Vernon Sullivan (o deberíamos decir de Boris Vian, porque aunque Vian figuraba meramente como “traductor” de la obra de este supuesto autor negro estadounidense, años después acabó admitiendo que Sullivan no era más que un seudónimo y que él era el autor), me entraron ganas de más, así que a la primera ocasión que tuve me hice con un ejemplar de “Escupiré sobre vuestra tumba”.

Que se mueran los feos” me resultó gamberra, ingeniosa, sorprendente y transgresora. Sobretodo poniéndola en contexto (la década de los 40). Pero hay que decir que se trata de un cuento para niños si la comparamos con “Escupiré sobre vuestra tumba” (J’irai cracher sur vos tombes), la primera novela del conocido como ciclo de Sullivan.

Este libro ya sufrió una terrible censura en su época. En 1949 fue prohibido y Boris Vian condenado por lo que se consideraba “ultraje a la moral y las buenas costumbres”. Escupiré sobre vuestra tumba está considerada (por méritos propios) la obra más violeta y cruda de las escritas por este polifacético escritor francés.

La novela nos explica el camino que sigue Lee Anderson, un hombre negro pero de piel blanca, para vengarse del linchamiento y asesinato de uno de sus hermanos a manos de un grupo de racistas (su delito consistió en haber mantenido relaciones con una mujer blanca). Para vengarse no dudará en aceptar un trabajo en la librería de la ciudad y unirse a una cuadrilla de jóvenes amorales, sedientos de alcohol y sexo.

Su único anhelo será desde ese momento encontrar alguien que represente los ideales y la forma de vida que acabaron con su hermano… y después: devolverles el golpe.

Como dato curioso este pequeño extracto de la wikipedia referente a su muerte:

Boris Vian vendió los derechos de su novela Escupiré sobre vuestras tumbas para una adaptación cinematográfica. Aunque inicialmente estuvo encargado del guión, tras diversas peleas con la productora, el director y el guionista, Vian quedó fuera del proyecto y asistió de incógnito al preestreno de la película, en el cine Le Petit Marbeuf, cerca de los Campos Elíseos; falleció de un ataque cardiaco que sufrió durante la proyección de la película.

Parece que el corazón de Boris Vian (que nunca gozó de muy buena salud) no pudo resistir lo que el cine había hecho con su obra más transgresora. Moría a los 39 años.

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