Bienvenidos a la Mansión Playboy: Hugh Hefner y sus novias ‘Playmates’ te reciben

Adéntrate en la Mansión más celebre del mundo de la mano de su dueño y fundador de la revista Playboy, Hugh Hefner.

Piérdete en alguna de sus lujosas 29 habitaciones, en su sala de juegos, en sus enormes piscinas y saunas, en su nutrida bodega, en sus jardines, en su cascada o su casa de invitados.

Hefner, que no es demasiado celoso, te mostrará su Mansión junto a alguna de sus novias oficiales, todas ellas modelos de su revista y playmates, para más datos.

Algunos datos curiosos sobre esta célebre Mansión Playboy:

  • Hugh Hefner vive con 7 chicas playboys, las “playmates”, o como las llama él, sus novias.
  • Cuenta con una extensión de unos 1.900 metros cuadrados.
  • 6 acres de terreno
  • 29 habitaciones.
  • Un zoo privado.
  • Una bodega.
  • Una sala de juegos.
  • Una cancha de tenis.
  • El terreno contiene a su vez otros tres edificios: uno es una replica exacta de la Mansión, aunque más pequeña, donde vive su ex-mujer y sus dos hijos. El otro es el que usa para recibir a su familia y el último es donde se alojan las chicas cuando la Mansión Playboy está ocupada.
  • La Mansión Playboy tiene su propio servicio de mantenimiento, de cocina, de lavandería etc., exactamente igual que un hotel, que asiste a todos los residentes de la Mansión.
  • Hugh Hefner compró la Mansión en 1971 por 1,2 millones de dólares.

Oliver Sacks y el caso del hombre que confundió a su mujer con un sombrero

El señor P. era un eminente músico que había acudido a la consulta de un neurólogo porque tenía problemas para identificar las cosas de su entorno. En alguna ocasión lo habían sorprendido dando palmaditas en la parte superior de las bocas de incendios creyéndolas cabecitas de niños o iniciando una conversación con el picaporte de una puerta. Tras la revisión, el señor P. salió de la consulta. De repente, se detuvo en seco, rodeó el coche y se dirigió al asiento que ocupaba su mujer, la agarró del cuello de la camisa y por las orejas e intentó ponérsela en la cabeza.

En este caso concreto, el señor P. padecía una pérdida cognitiva aguda: su cerebro era capaz de ver, oír, sentir y escuchar perfectamente, pero no podía emitir juicios personales. No era capaz de ver la totalidad de las cosas, sólo veía detalles, pero nunca establecía relación con la imagen como un todo. Hasta un niño identificaría inmediatamente un guante como un guante, lo vería como algo familiar, asociado a una mano. El señor P, no. Es por eso que metía, por ejemplo, a su mujer en la misma categoría conceptual que un paraguas o un sombrero. Podía identificar el esquema sin captar en absoluto la realidad. Aunque suene inverosímil, este caso es real y fue estudiado por el famoso neurólogo británico Oliver Sacks, quien ha revolucionado, según la opinión de muchos especialistas, la comprensión que la medicina moderna tenía del cerebro.

Portada del libro "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" de Oliver Sacks
Oliver Sacks, escribe libros de historias clínicas como si fuesen novelas, es adicto a las piscinas, Star Trek y a los helechos pero, sobre todo, se ha convertido, junto con Stephen Hawking, en uno de los principales divulgadores del pensamiento científico entre el gran público. Sus libros, reúnen talento literario y rigor científico. Pero, por sobre todo, describen la vida allí donde ésta resulta más apasionante: en el interior del ser humano, en su juicio, en su memoria. Y elige, para iluminar el enigma, la diferencia, la enfermedad, la pérdida; situación que pone al paciente ante la necesidad de construir una nueva realidad, un nuevo juicio.
Luego de que Sacks lo examinara, el Señor P le preguntó: “ya veo que le parezco a usted un caso interesante. ¿Puede decirme qué trastorno tengo y aconsejarme algo?. A lo que médico respondió: “no puedo decirle cuál es el problema, pero le diré lo que me parece magnífico de usted. Es usted un músico maravilloso y la música es su vida. Lo que yo prescribiría, en un caso como el suyo, sería una vida que consistiese enteramente en música.

La música ha sido el centro de su vida, conviértala ahora en la totalidad”. Es evidente que en este caso, el músico no era capaz de hacer un juicio cognitivo. El juicio es intuitivo, personal, global y concreto: “vemos” cómo están las cosas, en relación unas con otras y consigo mismas. Era precisamente este marco, esta relación, lo que le faltaba al doctor P. Pero, a pesar de no existir la cura para el Señor P, Sacks le marcó el camino para sacar ventaja de sus capacidades y así poder adaptarse al caos dentro de su mente.

Fuente | http://www.clarin.com

La intro de Star Trek: la nueva generación decía que el Espacio es la última frontera. Después de leer este caso parece que, en realidad, la última frontera es el conocimiento del cerebro humano.

Oliver Sacks | Página Oficial