El billete, por favor [dormidos en el tren]

Hay personas que es sentarse en un confortable asiento de tren o metro y caen fulminados en los brazos de Morfeo. Y eso no sería un gran inconveniente (salvo quizá saltarse la parada deseada) salvo por las dificultades que añade a la desagradecida tarea de los revisores.

Así es. Esos pobres trabajadores cuyas obligaciones laborales incluyen verificar que no eres una especie de delincuente lowcost y que tu ticket está en orden (timbrado, con sus zonas correspondientes, etc).

Queda claro que si el “sospechoso” está soñando vete tu a saber con que, pues difícilmente va a facilitarle el trabajo, ¿verdad? Bueno, un toque o dos en el hombro suele bastar en la mayoría de los casos… ¡Pero no en todos! ¡Los hay que dormirían en medio de un bombardeo aéreo! Ah, y sin duda también los habrá que sencillamente se hacen los dormidos, claro.

Entonces es cuando los amigos del enredo se apuntan a la fiesta y le echan una mano al personal del tren… ¡y una mano al cuello de los bellos durmientes!

El tobogán japonés solo para valientes

Si a un largo y empinado tobogán japonés le sumamos un día de lluvia, tenemos la combinación perfecta.

Perfecta para que un grupo de temerarios adolescentes se deslicen por el tobogán a gran velocidad y vean como la zona de “frenado” resulta absolutamente insuficiente.

Una aventura irresistible para cualquier valiente sediento de emociones (con el añadido de ser gratuitas). Aunque me temo que más de unos pantalones habrán pasado a mejor vida después de un aterrizaje forzoso en este fabuloso tobogán japonés.